Jimmy Entraigües.- Alberto Simoncini nació en Italia y se trasladó a Barcelona en 2006, donde lleva 17 años ejerciendo como terapeuta especializado en procesos de duelo y acompañamiento en la fase final de la vida. Una enfermedad crónica desde su adolescencia, y sus experiencias personales le han llevado a profundizar en la psicología, la filosofía y la música. Este libro, ‘El coraje de romperse’, ofrece una perspectiva compasiva con respecto a la pérdida, al sufrimiento, al romperse para volver a reconstruirse, al rendirse conscientemente a lo inevitable, para afrontar la vida con menos juicio y con más serenidad.
Pregunta: ¿Cómo han influido tus experiencias personales en tu trabajo como terapeuta?
Alberto Simoncini: Me considero una persona muy afortunada. Creo que siempre lo he sido. Sin embargo soy consciente que he sufrido muchas pérdidas a lo largo de la vida y sé que hoy soy quien soy por todo lo que he vivido y por todos los retos a los que he tenido que enfrentarme. Todo lo que aplico en terapia lo he aplicado en mí en algún momento de mi vida.
P.: La gente suele relacionar el duelo con solamente la pérdida de un ser querido pero, ¿Qué es exactamente? ¿Cómo lo definirías?

A.S.: El duelo es el proceso de integración de una o más pérdidas. Integración en la narrativa personal, lo que una persona se cuenta de sí misma y de su vida. La pérdida de un ser querido humano es solamente una de muchos tipos de pérdida. Un duelo, podría decir, es la actualización a la vida que no quería vivir.
P.: ¿Dirías que todos los duelos pueden llegar a superarse?
A.S.: «El duelo se supera» es como decir «el duelo ya no se hace falta» porque la pérdida se ha logrado integrar. Hay pérdidas que es difícil integrar, como por ejemplo la muerte de un hijo, el abuso sexual o psicológico, las vivencias durante un conflicto bélico.
P.: ¿Qué papel juega el miedo en el proceso de superación de un duelo? ¿Llorar refleja fortaleza o debilidad?
A.S.: Los principales miedos que hay en un duelo son el miedo a no lograr salir de allí, y el miedo a volver a pasar por lo mismo. La terapia ayuda justamente a que estos miedos no bloqueen el proceso de sanación. Llorar refleja fuerza, madurez, coraje.
P.: ¿Existe algún tipo de diferencia notoria, que tú como terapeuta hayas experimentado, entre hombres y mujeres a la hora de afrontar un duelo?
A.S.: Sí, los hombres cuando lloran se disculpan. Las mujeres, no. Nos cuesta mucho compartir nuestra vulnerabilidad, nuestros miedos. Todos los hombres deberían ir a terapia, en algún momento de su vida. Sobretodo los que aparentan más seguridad, sea con el cuerpo, con el dinero o con la inteligencia.

P.: ¿Crees que a día de hoy la muerte sigue siendo un tema tabú en nuestra sociedad?
A.S.: Sí lo es, aunque por suerte se habla siempre más de ella. Cuanto más hablemos del tabú, menos el tabú será tabú. Sin muerte no hay vida. La vida necesita nacimiento y muerte para que todo exista, sea un ser humano, una montaña o una galaxia. Nosotros queremos siempre entenderlo todo y lo que no entendemos nos da miedo. El nacimiento lo hemos logrado explicar, de alguna manera. La muerte, todavía no. Debemos aprender a amar lo que la muerte no puede quitar: la vida. La vida siempre sigue.
P.: Te consideras un superviviente, ¿Por qué? ¿Has superado alguno/s de los 10 distintos tipos de duelo que ofreces de ayuda como terapeuta?
A.S.: Creo que cada uno de nosotros sobrevive a algo o a alguien. Todos somos supervivientes y todos somos milagros bípedes, ya sólo por el hecho de estar vivos. Lo que más me costó superar fueron las dos depresiones profundas. Solamente quien ha tenido depresión puede entender la palabra ‘agujero negro’.

P.: Como terapeuta y formador especializado en duelos y pérdidas ¿Qué es lo que más te ha impactado en tu trabajo?¿Cómo logras que las experiencias de tus pacientes no te afecten directa o indirectamente?
A.S.: Lo que más me impacta es la capacidad de superar las experiencias más duras, más difíciles. La fuerza para levantar la cabeza para buscar belleza cuando nadamos en las cloacas. Y la belleza que somos capaces de generar en nuestro corazón y fuera de nosotros. Creo que cuando sufrimos mucho y el corazón se rompe, pasa algo en nosotros que nos da la fuerza para crear una energía sanadora alrededor de la herida. La terapia no puede no afectar el terapeuta. Cuando tienes una persona cerca que está sufriendo, si no empatizas, entonces no estás vivo. Yo lloro con mis pacientes (durante o después de las sesiones) y esto me permite seguir vivo, sensible y no bloquear ninguna emoción dentro de mí.
P.: El subtítulo del libro es «Manual de reconstrucción de vidas rotas», ¿Qué es para ti «una vida rota»?
A.S.: Una vida rota es una esperanza rota y una historia incoherente. Vivimos esperando que las cosas vayan como nos gustaría, como deseamos, como preferimos que vayan. Cuando es así, decimos que somos felices y la nuestra es una vida muy bonita. Cuando no es así, nuestra historia ya no nos gusta, no le encontramos sentido y empezamos a sufrir. Superar un duelo significa también reflexionar sobre por qué la pérdida me hace sufrir e implica resignificar toda la narrativa de mi experiencia de vida.
(Agradecemos la colaboración de Aêxia Cortés y Bibiana Ripol para la realización de esta entrevista)








