Texto y fotos: Joan Flors.- En plena campaña de la oliva, los campos de Vall de Almonacid recuperan una imagen que se repite cada año, familias enteras trabajando juntas para recoger el oscuro fruto que ha madurado en los olivos todo el verano. Esta tradición, transmitida de generación en generación, no solo garantiza la llegada de un aceite de gran calidad, sino que refuerza el vínculo emocional que los vecinos mantienen con su tierra y con los olivos centenarios del valle.
La tradición de la campaña de la oliva
La recolección o campaña de la oliva conserva todavía una tradición cooperativa muy marcada; muchas familias reservan una semana de vacaciones para acudir al campo, algunas para disfrutar de una jornada entre amigos y otras para organizarse y recoger toda su producción antes de volver a sus trabajos. Aunque el esfuerzo es considerable, la mayoría coincide en que el contacto con el campo sirve para desconectar y recordar sus raíces. “Cuando llegas al monte se te olvida todo”, cuentan quienes combinan esta labor con otras profesiones y solo pueden atender una parte de sus olivos.
El aceite producido por la Cooperativa Agraria AYR destaca por su estrecha relación con el entorno. La Serrana de Espadán crece en suelos de caliza y rodeno, en un cultivo extensivo mayoritariamente de secano, donde el 90% de los árboles supera el siglo de vida. El resultado es un aceite suave y almendrado, con un toque de hierba fresca, que refleja las particularidades del territorio. Su elaboración sigue un tratamiento cuidadoso del fruto, con extracción en frío y técnicas que buscan mantener la esencia de la variedad sin alterar susabor ni su composición orgánica.
La cooperativa, que fue fundada en 1989 para dar servicio a diferentes pueblos de la Sierra Espadán, continúa siendo un elemento clave para la economía local y un punto de encuentro durante la campaña. En los meses de noviembre y diciembre, los vecinos descargan la producción del día y recogen el ticket de pesada, un gesto que simboliza el cierre de la jornada, y que muchos aprovechan para comentar la partida del año. Aunque no es una gran instalación, tiene todas los servicios necesarios para realizar este proceso: desde la pesada, la machacada, la decantación y filtrado y el embotellado.
Los recuerdos de la campaña de la oliva forman parte de la memoria colectiva; quienes crecieron en el pueblo evocan tiempos en los que las olivas se almacenaban en casa y se deshojaban a mano, o cuando los campos aparecían limpios tras el paso de los rebaños que “actuaban como desbroce natural”. También se recuerdan las figuras de los abuelos, que acudían al monte con herramientas, agua y un bocadillo, una tradición que, a día de hoy, sus hijos y sus nietos todavía conservan.
Manuel Vicente, uno de los principales coordinadores de la cooperativa, declaró: “El principal desafío actual es el clima. En los últimos años, la falta o el exceso de humedad ha dificultado la polinización y muchas campañas han quedado por debajo de lo esperado. Aunque este año las lluvias tardías han permitido asegurar parte de la producción, se observan signos de estrés hídrico en los árboles”. El futuro dependerá tanto de las condiciones climáticas como del relevo generacional, esencial para garantizar que los olivos continúen cuidados y que la cooperativa mantenga su actividad.
Aun así, el mensaje que los productores quieren transmitir a las generaciones futuras es claro: la tierra es parte esencial de la identidad del pueblo, y cuidarla permite mantener vivo unlegado que une pasado, presente y futuro. Mientras la campaña avanza, Vall de Almonacid reafirma su vínculo con la Serrana de Espadán y con una forma de entender la agricultura basada en la tradición, el esfuerzo compartido y el sentido de comunidad.








