Hacia finales de agosto comienza la migración postnupcial de las aves euroafricanas hacia sus cuarteles de invierno en la zona sur del Sáhara. Es éste un duro viaje, por el que miles de aves deben pasar para sobrevivir. A la falta de experiencia o una climatología adversa se le unen hoy en día otros muchos peligros, como las líneas eléctricas sin medidas de protección -auténtica tragedia sobre la que este diario ha advertido ya en varias ocasiones-, la persecución directa, las molestias humanas o la falta de hábitat para descansar y alimentarse.
Los humedales costeros son una pieza clave durante la migración de las aves. El arco mediterráneo es la autopista que siguen desde tiempos ancestrales millones de aves. Rapaces como el águila pescadora o el águila calzada, garzas, flamencos, anátidas y limícolas utilizan esta ancestral ruta en sus viajes migratorios al continente africano, a la búsqueda de temperaturas más benignas; y los humedales como el del Marjal de Pego-Oliva son sus áreas de descanso, donde repostan energías y descansan.
Son sin duda alguna lugares muy atractivos para ellas y también para un turismo de naturaleza que cada año aporta importantes ingresos económicos a los municipios que albergan estos ecosistemas.
Actualmente el deterioro medioambiental del parque está consiguiendo que empresas de birdwatching (contemplación de aves) que traen multitud de turistas aficionados a la ornitología, pasen de largo perdiéndose con ello una oportunidad de negocio en el ámbito del turismo sostenible para los municipios del entorno. Una actividad, además, que redunda en el desarrollo de la economía local con parámetros respetuosos con la Naturaleza.
No se entiende entonces, ¿porqué, se permite durante el periodo migratorio tener los campos de arroz completamente secos, con sus canales manteniendo un exiguo volumen de agua que dificulta la supervivencia de los peces y de moluscos tan interesantes como los petxinots de agua dulce.
A la mala gestión del agua, manteniendo gran parte del humedal sin agua durante una época crucial para las aves, se suma el hecho de que los retornos del agua de los arrozales muy cargadas de nutrientes, principalmente nitrógeno y fósforo favorezcan el crecimiento excesivo de algas, que acaban por desencadenar diversos procesos que ocasionan desoxigenación de las aguas y con ello la muerte de los macrófitos (plantas acuáticas) y los organismos ligados a ellos que forman parte de la base de las cadenas tróficas del humedal.
Con sus aguas caminando hacia la eutrofización total, el parque natural agoniza y con él, las especies que no pueden huir, mientras, los que si pueden marcharse, buscan algún otro lugar donde vivir o reponer fuerzas.
Desde ADENSVA ruegan a la Conselleria en materia de medio ambiente que se tenga en cuenta la figura de protección del PN Pego-Oliva a la hora de gestionar el agua, manteniendo el parque inundado la mayor parte del año, pero sobre todo en un periodo crucial para las aves, “la migración”. Y, por supuesto, buscar una solución en forma de filtro verde o cualquier otra que estime oportuna para evitar la eutrofización y por tanto la podredumbre de sus aguas.
Solo así recuperaremos la biodiversidad perdida y ese concepto que cada vez cobra más importancia, que son los servicios ecosistémicos finalmente traducidos en beneficios y valores tangibles para la sociedad.








