“Hay matrimonios que llenan su día a día con el trabajo y actividades fuera de casa y pasar tanto tiempo juntos es un castigo”, explica una experta | «Debemos aprender a gestionar los encontronazos y a crear un proyecto en común en una sociedad en la que “las relaciones se queman antes de comenzar”
Las vacaciones de verano están a la vuelta de la esquina y con su llegada muchísimas parejas españolas que apenas se ven a lo largo del año por sus obligaciones laborales empiezan a discutir más de lo habitual o a no saber escapar de la rutina. Incluso a veces las vacaciones sirven para evidenciar a la pareja que han perdido la ilusión de un proyecto común y que están estancados en una dinámica monótona. Muchos dan el paso incluso al divorcio. ¿Es un mito o una realidad que la llegada del verano complique las relaciones?

“Es mucho más común de lo que pensamos”, explica Carmen Sánchez, experta en relaciones humanas inteligentes, con más de 20 años de profesión en este campo. “Llega el verano y a las parejas les cuesta ponerse de acuerdo en casi todo. Desde la hora de desayunar, a cuándo ir a la playa, qué excursión hacer…”. La crisis de pareja en verano se da porque “hay hábitos adquiridos en el día a día y el romperlos puede suponer agobio o ilusión”, explica Sánchez, quien concreta que “hay parejas que están inmersas en la monotonía y llenan su día a día con trabajo, con actividades fuera de casa y tienen muy poca convivencia”. “Para este tipo de personas puede suponer un castigo permanecer tanto tiempo juntos y la cosa acaba en una discusión detrás de otra. La bronca es una moneda de cambio”, destaca.
¿Y por qué no se pone solución a esta situación si ya se ve venir antes del verano? Sánchez, fundadora de Intelema, indica que “las personas se dejan llevar y les puede dar pereza hablar, proponer, tomar acuerdos. La familia, los hijos o los amigos son estructuras que cuestan mover. Nos instalamos, como dice Joaquín Sabina, en el Santo Reproche”.
“Las relaciones hoy en día se queman antes de empezar”
Sánchez indica que muchas parejas acaban actuando en su día a día de forma automática, pasando por alto asuntos importantes “que cuestan afrontar en el día”. “La estabilidad de la pareja está disminuyendo en las últimas décadas. Uno de los problemas más graves es la ausencia de un proyecto común de futuro. Hay un vacío existencial profundo en la relación de pareja”, argumenta.
La clave está, indica Sánchez, en “aprender a madurar y a evolucionar juntos”. “Últimamente lo más frecuente es conocer a alguien, todo va muy deprisa, las relaciones se queman antes de comenzar. “Debemos pararnos a mirar que es esto de tener pareja, ver si estamos preparados para ello, aprender a crear un proyecto en común y a respetar, a admirar a quien tenemos al lado. En el momento en el que surjan roces hay que aprender a gestionarlos”, comenta. “El diálogo es importante. Hay que estar preparado, hay mucha gente que no está preparada para convivir”.
Respecto a si hay una pista que nos diga si se trata de algo más que una etapa pasajera, Sánchez sentencia: “Es evidente que hay un problema más grave cuando se entra en un círculo de discusión por la cosa más trivial, cuando se juzga al otro continuamente”.








