De nuevo nos asomamos a una historia inspiradora y de una intensa luz que devuelve la confianza en el género humano y en su capacidad para encontrar lo más bello en mitad de lo más desalentador.
Nos rodean noticias y hechos que a veces nos afectan como el punto negro en mitad de un folio en blanco. Aunque la cantidad del espacio en blanco sea mucho más grande, nuestro cerebro tiende a fijarse en la nota discordante, en lo más llamativo, en el punto negro.
Por eso, cuando el espacio en blanco es una cantidad desorbitada de noticias desalentadoras -cuando no directamente falsas o malintencionadas- vale la pena destacar la nota discordante de luz, de esperanza, de alegría. Y esta historia lo es, sin lugar a dudas.
Margarita Fernández Darós es soprano ligera y profesora titular de canto del Conservatorio de Música de Castelló. Como toda la población, ha estado y está confinada para ayudar, con su granito de arena, a contener la pandemia de COVID-19. Pero Margarita tiene dentro un don, y ella lo sabe, que bien puede regalar a quienes la rodean con una chispa de magia, de emoción y de poesía al hastío que provoca el hecho de tener que estar en casa, sin poder salir y disfrutar del mundo exterior.
El ser humano es un ser social y los que hemos tenido la suerte de vivir a orillas del Mediterráneo, más aún. Y el confinamiento nos mantiene como leones enjaulados. No podemos tocar, abrazar, amar, sentir… ¿Sentir? Eso es. Margarita cayó en la cuenta de que su voz, su arma más poderosa, sí podía ayudar a todos aquellos y aquellas que viven en su barrio a sentir, durante unos minutos. A soñar. Con el poder infinito de la música.
Y pasó a la acción. Margarita ha estado preparándose, día a día, calentando la voz, escogiendo sus mejores atuendos, para salir al balcón y cantar, a capella, durante 3 minutos, una canción que, con su increíble y melodiosa voz, obrara el milagro.
Fue así como la voz de Margarita se convertía durante un breve pero intenso y emocionante lapso de tiempo en un motor de esperanza, durante 47 tardes de forma ininterrumpida -salvo algún día en que se encontró algo resfriada y no salió, prudentemente- regalando lo mejor de sí misma: su voz. Su preciosa voz.
No caben más palabras. Sólo disfrutar del último de sus recitales, emocionante el que más. Y es que no quiere cansar o hacerse pesada. Es mejor dejarlo ahora y dejar así el recuerdo agradable y dulce, antes de que la fuerza de la costumbre convierta sus recitales en rutina y pierdan su efecto mágico. Margarita quiso, para terminar como la mujer elegante que es, regalando a sus vecinos un mensaje de agradecimiento por haberla escuchado y aplaudido durante todo este tiempo. Y no hay duda de que el resultado que veremos a continuación habla por sí solo.
Con ustedes, el Aria de Clara, Summertime, «Porgy and Bess», de Georges Gershwin.
Acabado el último recital, la pancarta que Margarita destapa es éste:

Otra de las piezas interpretadas por Margarita Fernández Darós, ‘Ave María‘ de Franz Schubert. Esta pieza la interpretó el 2 de abril.








