
El autor de este libro es un hombre alto, fornido, tostado por el sol, con algún tatuaje en sus brazos, y del que cabría esperar un carácter duro. Sin embargo, su sonrisa franca y la alegría que emana de su saludo, hace que de inmediato conectes con su simpatía. He de advertir al lector que su aspecto es radicalmente diferente al que muestra en la fotos que aparecen en las solapas del libro.
Ese, el de las fotos, era aquel presentador de televisión que con notorio éxito conducía algunos programas de buena audiencia. Aquella vida le vino de casta, pues su padre le precedió en el oficio televisivo. Esa notoriedad hace que la historia de su caída en la adicción a distintas sustancias sea muy conocida y no le sea necesario detallar aquí por qué todo se derrumbó a su alrededor hasta llegar a cero.
El personaje que yo entrevisté después de leer su libro es otro: hoy, Alonso Caparrós, es un ciudadano de lo más normal, padre responsable, compañero amado y amante y, sobre todo, alguien en quien se puede confiar. Y todo eso en el envoltorio de un hombre atractivo, sonriente y feliz.

Le pregunté: ¿por qué escribes este libro?
Alonso: Porque creo que puede ayudar a quienes sufren lo que yo sufrí.
P:¿Y no te cuesta ser tan sincero?
A: Sí. Todos solemos ocultar nuestras propias tragedias. Pero si quiero tender la mano, necesito ser honesto. Explico cómo lo conseguí contando toda la verdad. Yo me he negado a olvidar porque los recuerdos te ayudan a ser fuerte. Así, recuerdo cuando creía que no había esperanza, cuando estaba solo porque había apartado a quienes me querían, y el profundo dolor que se siente, pero eso no lo cuento en este libro, sólo valoro la importancia de los recuerdos.
P: ¿Tratas de advertir a quienes están al borde del precipicio y no lo saben?
A: No. Trato de sugerir a los que ya han caído, cómo vencer la adversidad. Les digo que aunque estés solo, aún es posible recuperar tu mente para conseguirlo. Al menos para dejarte ayudar.
P: Pero hay quien no lo consigue.
A: Lo sé. Incluso ha quien decide dejar de intentarlo y quitarse la vida. Hay otras circunstancias en las que la felicidad no cabe, sin que puedas hacer nada, lugares de pobreza extrema, guerras,… por eso cuando estás donde yo estaba, debes sentirte afortunado, recuperar la calma que te haga ver lo que te queda y volver a intentarlo.
P: ¿Y para ti, qué representa este libro?
A: Con él intento dar sentido a mi vida. Animo y espero que mi experiencia sirva para que lo superen otros. Porque, a veces, nos convertimos en nuestro peor enemigo, pero si alguien te lo dice, y te lo crees, tienes una oportunidad. Por eso, con toda humildad les doy, a quienes están en esa situación,unas pistas que espero que puedan ayudarlos a salir.
P: Y no tienes reparo en decir cómo te ayudaron y lo mucho que les debes a quienes lo hicieron. Historias casi íntimas.
A: Así es. Porque quiero dejar claro que abunda la buena gente. Personas que sin pedir nada a cambio te tienden la mano. Y que esa ayuda es imprescindible y puede tener éxito. Quiero que mi libro, absolutamente sincero, sirva para animar a quienes lo necesiten y a quienes los ayudan.
P: Veo que hoy eres un hombre feliz. ¿No tienes miedo a que vuelvan los problemas?
A: No en absoluto. No temo a nada. Tengo todo lo que amo y estoy muy motivado para enfrentarme a los problemas que me depare la vida.
La obra

Empieza de Cero, autor Alonso Caparrós, Ed. Planeta, 238 páginas
Se trata de un relato escrito en primera persona en el que el autor cuenta con detalle las reflexiones, motivaciones, circunstancias personales y las ayudas que le permitieron abandonar la postración y soledad en que le sumieron sus adicciones. No espere el lector un recorrido lastimero por lo que fue su infierno. Ésta no es la historia de la caída o la perdida de todo, que evidentemente, sucedió, pero que aquí no se cuenta.
Esta es la narración de una batalla que se ganó. Al principio aún perdura la incertidumbre de si el titubeante camino hacia la luz, aún tendrá episodios de dolor que ensombrezcan la historia, pero no. Poco a poco, vamos comprendiendo que el desenlace será positivo. Así, paso a paso, tal como lo recuerda el protagonista, que con una sinceridad desbordante nos lo cuenta, vas avanzando hasta el inicio de los días felices en que vive hoy.
Y la incertidumbre dará paso a la firmeza, la incredulidad a la esperanza, y la duda a la certeza.
Al final, esta es la historia de una victoria.
Una verdad debía contarse. Porque quienes, como el autor, están en el pozo de la desgracia deben saber que pueden salir; que alguien lo hizo antes que ellos; y cómo lo hizo: con su esfuerzo personal, encontrando la fuerza en sí mismo, en cosas sencillas como pensar, leer, recordar…
Y esta victoria también debe ser contada para aquellas personas que contra todo pronóstico, contra toda esperanza, siguen ayudando y creyendo en adictos que las defraudan una y otra vez. Frente a quienes les dicen que es imposible, que es un tiempo perdido, relatos como este les devuelven la esperanza porque alguien, como ellos, aportó la ayuda decisiva.
No es este libro un manual de consejos. Tampoco es un relato morboso de penurias y ofensas por las que pedir perdón. No es un acto de arrepentimiento social. No es la redención de nada ni de nadie. No motiva ni necesita el autor, ser readmitido en ningún sitio ni pretende obtener ningún beneficio con su publicación.
Tan sólo es una buena noticia que a muchos devolverá la esperanza. Es el relato de una persona feliz que lo va a seguir siendo pase lo que pase.
Y es una mensaje de amor a quien tanto lo ayudó.
Sólo por esto último, merece la pena leerlo.









