En los pasillos resonaba un aire de solemnidad el pasado martes 12 de marzo en la sede de las Cortes Valencianas. Marisa Gayo, una destacada diputada y portavoz en la Comisión de Derechos Humanos y de Cooperación/LGTBI del Grupo Parlamentario Popular, extendió una mano amiga en pos de un propósito de vital importancia: recuperar la memoria de aquellos conciudadanos valencianos que fueron víctimas de la implacable maquinaria represiva del régimen nazi durante la II Guerra Mundial. Pero más allá de mirar al pasado con la lente del recuerdo, esta reunión se erigió como un sólido bastión contra el antisemitismo contemporáneo y el peligroso negacionismo histórico que pervive en nuestros días.
El investigador destacado, Adrián Blas Mínguez Anaya, se alzó como el faro de esta jornada, presentando su exhaustiva investigación plasmada en la obra «Deportación. Guerra. Exilio. Muerte. Valencianas y valencianos en los campos de exterminio y concentración nazis». Con meticuloso detalle, Mínguez Anaya desentrañó los intrincados engranajes de su labor investigativa, revelando en primicia los hallazgos más recientes en torno a las deportaciones de judíos valencianos a los siniestros campos de exterminio nazis.
La reunión no solo congregó a distinguidos representantes parlamentarios, sino también a figuras destacadas de la sociedad civil comprometidas con la causa. Entre ellos, la «Asociación de Amistad Comunidad Valenciana-Israel», cuya presencia subraya la importancia de la solidaridad entre pueblos en la lucha contra la intolerancia. Asimismo, el artista valenciano Antonio Camaró, cuya obra «Jamás» adorna el mausoleo de Mauthausen en un tributo conmovedor a los caídos en los campos de concentración, aportó una perspectiva única y conmovedora a este encuentro. Su arte no solo es testigo mudo de la brutalidad del Holocausto, sino también un llamado poderoso a la memoria y a la solidaridad humana. Su presencia recordó a todos los presentes que detrás de cada número, detrás de cada estadística, hay historias de vidas destrozadas y sueños truncados, y es nuestro deber honrarlas.
Por su parte, el «Movimiento contra la Intolerancia», representado por su coordinador en Valencia, Ángel Galán, aportó su voz experta en la necesidad apremiante de difundir estas investigaciones en el ámbito educativo. Solo así, mediante una educación basada en el conocimiento y la memoria, podemos aspirar a evitar la repetición de los errores del pasado.
En un consenso unánime, se acordó la urgencia de difundir estas investigaciones y llevarlas a las aulas, donde germinará el entendimiento y la prevención de futuras atrocidades. En última instancia, esta reunión en Las Cortes Valencianas no solo representa un esfuerzo por rescatar la memoria, sino también un firme compromiso con la construcción de un futuro más justo y tolerante para las generaciones venideras.
La obra de Mínguez Anaya no solo arroja luz sobre un capítulo oscuro de nuestra historia, sino que también despierta la conciencia colectiva sobre la importancia de recordar y rendir homenaje a aquellos que sufrieron y perdieron sus vidas en los campos de exterminio. La narrativa que emerge de sus investigaciones nos confronta con la brutalidad de la persecución nazi y nos insta a reflexionar sobre los peligros del odio y la intolerancia en todas sus formas.
Este encuentro en Las Cortes Valencianas, con su diversidad de voces y su compromiso con la verdad histórica, constituye un ejemplo elocuente de cómo la política y la sociedad civil pueden unirse en la defensa de los valores fundamentales de la humanidad. En un mundo donde el resurgimiento del odio y la xenofobia plantea una amenaza constante, estas iniciativas son más necesarias que nunca.
La reunión del pasado 12 de marzo no solo fue un evento académico o político, sino un acto de recordación y de compromiso con la memoria histórica. Es un recordatorio de que la historia no puede ser olvidada ni tergiversada, y que debemos mantenernos firmes en nuestra determinación de construir un mundo más justo y compasivo para todos.








