
Llenar la nevera en España sigue siendo un reto para muchas familias, pero el último informe de ASEDAS revela un dato inesperado: la distribución alimentaria está actuando como un escudo frente a la crisis energética. A pesar de que el encarecimiento del combustible ha generado un sobrecoste de 51 millones de euros en logística desde marzo, los supermercados han decidido no repercutir esta factura en el ticket final de los consumidores.
Un escudo contra la inflación en productos básicos
El esfuerzo de contención se hace especialmente evidente en los productos de primera necesidad. Mientras los costes del transporte se disparan debido a la inestabilidad en Oriente Medio, los precios de alimentos esenciales han logrado mantenerse estables o incluso bajar.
Según los datos del IPC de abril, productos clave en cualquier hogar han liderado esta resistencia:
- Pan y cereales: Variaciones de precio cercanas a cero.
- Huevos y azúcar: Contención directa para evitar picos de inflación.
- Aceites y básicos: Ajuste de márgenes para absorber el coste del transporte.
La factura del gasoil: 51 millones pese a las ayudas
El impacto de 51 millones de euros calculado por la patronal (que representa a gigantes como Mercadona, Lidl o Dia) ya incluye la bonificación estatal de 0,20€ por litro para transportistas. Sin esta ayuda, la presión sobre los márgenes de beneficio de los supermercados sería aún más asfixiante.
La clave de que este agujero millonario no lo pague el ciudadano reside en la alta competencia. Con más de 200 operadores de distribución en España, ninguna cadena quiere ser la primera en subir precios, lo que obliga a las empresas a optimizar sus rutas y procesos logísticos antes que tocar la etiqueta del estante.
La alimentación ayuda a bajar el IPC
Este ejercicio de responsabilidad económica ha tenido un efecto directo en la macroeconomía española. El IPC de los alimentos ha logrado descender del 2,7% al 2,6% en apenas un mes, demostrando que el sector de la distribución es, actualmente, uno de los principales motores que tiran a la baja de la inflación general.
En definitiva, aunque el petróleo sigue presionando la cadena de valor, la «guerra de precios» entre supermercados está permitiendo que, al menos por ahora, el coste de la energía no termine de asfixiar la cesta de la compra de los españoles.








