José Carlos Morenilla entrevista para el periódico Noticias de la Comunidad Valenciana (noticiascv.com) a Carla Gracia, autora de la novela El Jardín Dormido, una obra en la que el duelo, la memoria y la esperanza se expresan a través de un lenguaje simbólico donde las flores adquieren un papel esencial.
Entrevista realizada el 19 de enero de 2025.
Entrevista a Carla Gracia
Pregunta: Desde las primeras páginas del libro sorprende encontrar la imagen, en formato de dibujo, de una flor, algo que se repite con distintas especies a lo largo del texto. ¿Has contado con un botánico o un especialista en dibujo floral?
Carla Gracia: No, los he pintado yo. Todas las flores las he pintado yo, excepto las de la portada.
P: ¿Y la investigación sobre las características de las flores, sus usos y propiedades medicinales, también es propia?
CG: Sí, sí. Eso pude hacerlo porque cuando mi hijo tenía seis años sufrió un brote psicótico y le diagnosticaron autismo. Yo tuve que suspender mi trabajo en la universidad, donde tengo una plaza como profesora de escritura, y me dediqué plenamente a él, todos los días de manera intensa. Solo los lunes por la tarde tenía unas horas para descansar.
Acudía entonces a un centro cívico buscando algo que me ayudara a aliviar la angustia. En lugar de aprender chino o macramé, me aconsejaron el dibujo, porque requería toda mi atención. Empecé a dibujar flores, cada vez una distinta. Comencé con la margarita y, a partir de ahí, descubrí su historia y sus propiedades. Después vino la caléndula, y así, además de dibujar, empecé a investigar. Cada lunes era como plantar un jardín especial para mí. Pinté las plantas, investigué sus características y, poco a poco, nació la historia de este libro.
P: El lector descubre desde el principio que la protagonista ha sufrido una pérdida importante. Además de descubrir lo que va a pasar, debe descubrir también lo que ocurrió. ¿Es intencionado?
CG: Sí, porque muchas veces, cuando sufrimos un problema, intentamos esconderlo debajo de la alfombra, ignorar lo que no funciona y seguir adelante. Pero una pérdida profunda nos enfrenta al abismo de la vida y nos hace comprender que todo tiene un final y que esa vida es la única que podemos vivir. En ese momento la protagonista, Iris, empieza a destapar lo que había ocultado, comprende que no es feliz y decide cambiar. Hay una pérdida involuntaria que debe aceptar y otras que decide asumir transformando su vida.
P: Aunque la protagonista es una mujer, no se trata de una obra feminista.
CG: No. Sí he querido decir que las mujeres tienen que coger su espacio y que, a veces, necesitan un jardín privado. A lo largo de la historia muchas han sido silenciadas o maltratadas porque su sensibilidad se ha interpretado como locura. Hoy debemos dar espacio a la mujer sin quitárselo al hombre. En la obra también hay un personaje masculino que debe descubrir su propio espacio y enfrentarse a errores machistas del pasado.
P: Hay una mirada al pasado en la que la mujer o el hombre intentaban cambiar al otro, especialmente ante los problemas.
CG: Sí, es cierto. Nadie tiene que salvar a nadie. Las mujeres arrastramos muchas veces la carga de querer salvar al hombre “difícil”. Eso debería quedar obsoleto. También el papel del hombre como salvador de la mujer. Aquí nadie salva a nadie: ambos se miran como personas, con pérdidas y dolores, y se acompañan. Acompañarse, no salvarse.
P: En la novela aparecen varias historias de amor y también la preocupación de los padres por las decisiones sentimentales de sus hijas.
CG: Claro. Hoy tenemos la suerte de poder rehacer nuestra vida y nuestra pareja. Antes, el matrimonio era para toda la vida, especialmente para las mujeres que dependían económicamente. Es normal que los padres se preocupen, pero este libro habla de segundas oportunidades y de permitirnos equivocarnos. Hay que estar ahí, acompañar, aunque duela. De eso también se aprende.
P: En los procesos de duelo suele aparecer la idea de que la vida continúa después de la muerte. ¿Está presente esta reflexión en la obra?
CG: Cuando hay un duelo tan fuerte aparece primero la sensación de supervivencia, de cómo seguir viviendo sin esa persona. También la injusticia y la culpa. El duelo no se supera, se aprende a vivir con él, porque la ausencia dura toda la vida. Yo sí creo en una supervivencia del alma, pero es una creencia muy personal. Para mí, las personas que ya no están siguen viviendo en mi corazón.
P: Las flores vuelven a tener un papel esencial como anticipo de lo que va a suceder.
CG: Sí, en cada capítulo. Algunas las tenía claras desde el inicio, como el diente de león, que expresa el deseo de que el libro florezca en el lector. Otras las descubrí en floristerías, en el campo o durante las sesiones de pintura, y fueron marcando el devenir de la historia.
P: La protagonista nace en Cataluña, vive en Inglaterra y regresa a sus orígenes. ¿Hay un componente autobiográfico?
CG: Sí, hay una parte de eso. Durante años intenté ser la persona que los demás querían que fuera. Llegué a una entrevista en Londres y sentí que estaba en una jaula. Al volver a Barcelona lo dejé todo y me fui a vivir a un pequeño pueblo con mi gata, Amor. Allí encontré tiempo para escribir, para crear y para vivir. Con este libro me gustaría que los lectores encontraran también ese refugio de paz.
P: Como profesora de escritura, ¿crees que la literatura necesita formación?
CG: Es fundamental. La escritura necesita aprendizaje, como cualquier actividad humana. Tiene que haber talento, pero también entrenamiento y conocimiento. La llegada de la Inteligencia Artificial dejará atrás la escritura superficial. La sensibilidad, el talento y el dominio del lenguaje solo pueden surgir de una formación profunda y de un verdadero compromiso con la escritura.










