La repentina muerte de nuestro compañero y, sobre todo, querido amigo Mario González Somoano, a los 68 años, ha dejado un profundo vacío en nuestra organización y en todos quienes tuvimos la fortuna de conocerle. Hace apenas unas semanas celebrábamos juntos su cumpleaños, compartiendo risas y ese trato cercano que le definía, sin imaginar que sería la última vez que disfrutaríamos de su compañía.
Mario González Somoano
Hablar de Mario González Somoano es hablar de una persona íntegra, serena y generosa, siempre dispuesta a escuchar, a tender la mano y a ayudar sin reservas. Su calidad humana trascendía cualquier responsabilidad profesional: estaba en su forma de mirar, en su manera de acompañar y en su constante preocupación por los demás.
Dedicó su vida al servicio público con una vocación auténtica, guiado por un profundo sentido de justicia y compromiso con las personas, especialmente con las más vulnerables. En CEAT, como miembro de la Junta Directiva, contribuyó de manera decisiva a reforzar la defensa de los trabajadores en el ámbito europeo, participando activamente en los seminarios internacionales de la red EZA, donde ayudó a proyectar la voz del mundo rural español.
Su labor en la Asociación Pueblos con Futuro reflejó su firme creencia en la dignidad de cada persona y en la capacidad transformadora de las comunidades. Trabajó incansablemente para acoger, proteger e integrar a quienes sufrían pobreza y exclusión, contribuyendo a asentar familias en zonas rurales y a mantener viva la esperanza de un territorio más justo y humano.
En su trayectoria política en el Partido Popular de Guadalajara ocupó diversas responsabilidades portavoz del Grupo Popular, diputado provincial, jefe de Gabinete de Presidencia, responsable en la Delegación de la Junta y concejal ,pero más allá de los cargos, lo que verdaderamente le definía era su cercanía, su honestidad y su amor por su tierra.
El presidente de CEAT Mediterráneo Pedro Adalid ha querido destacar especialmente su dimensión humana, señalando que “por encima de cualquier cargo, Mario era una persona excepcional. Quienes trabajamos a su lado sabemos que su mayor virtud estaba en su manera de ser: cercano, generoso y siempre dispuesto a ayudar. Entendía el servicio público desde el respeto profundo a cada persona”.
Asimismo, ha subrayado que “su legado no se mide solo en responsabilidades o proyectos, sino en el impacto que dejó en la vida de tantas personas. Tenía una capacidad especial para acompañar y hacer sentir a los demás que no estaban solos”.
Hoy despedimos a un compañero ejemplar, pero, sobre todo, a un hombre bueno. Su recuerdo permanecerá vivo en cada proyecto que impulsó, en cada persona a la que ayudó y en el compromiso de todos nosotros por continuar su labor con la misma humanidad, honestidad y entrega que él nos enseñó.







