Carla Gracia nació en Barcelona en 1980. Estudiosa y trabajadora, es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Ramón Llull y cursó un MBA internacional en Gestión y Resolución de Conflictos. Su trayectoria profesional la llevó a trabajar para grandes compañías en Francia, Inglaterra y los Estados Unidos.
Pero toda su vida ha estado presidida por un impulso irrefrenable de aprender, de conocer el mundo y de traspasar fronteras. Ese espíritu inquieto la llevó a embarcarse en un viaje alrededor del mundo, una experiencia vital en la que descubrió la otra faceta que da verdadero sentido a su vida: escribir. Contar lo que ve, lo que descubre, lo que sabe y lo que siente. Así comenzó a gestarse su primer libro.
Sin embargo, alguien con su nivel de autoexigencia no podía adentrarse en la escritura sin una formación sólida. Decidió volver a los estudios y no fue sencillo encontrar a los maestros adecuados. Hoy es doctora en Escritura Creativa por la Bath Spa University de Inglaterra y profesora de escritura en la Universidad Internacional de Cataluña, facilitando a sus alumnos un camino que a ella le exigió ir muy lejos.
Para llegar a este momento de realización personal tuvo que enfrentarse a una vida estresante y a un trabajo que no le dejaba el sosiego necesario para sus proyectos creativos. Tomó una decisión radical: lo dejó todo y se fue a vivir a un pequeño pueblo, acompañada únicamente por una vieja casa y un jardín casi abandonado. Allí nació la novela que llevaba cuatro años intentando escribir: Siete días de Gracia (Grijalbo, 2014), su debut literario.
Desde entonces, su actividad literaria no ha dejado de crecer, cada vez más intensa, apasionada y deslumbrante. Su obra Perfectamente imperfecta (Ed. Catedral, junio 2025) vuelve a ahondar en los descubrimientos emocionales de su vida envueltos en una ficción profundamente reveladora.
Entrevista
Pregunta: Casi desde el principio, en El Jardín Dormido, el lector sabe que la protagonista ha sufrido una pérdida importante. Además de descubrir lo que va a pasar, tendrá que descubrir también lo que pasó. ¿Es intencionado?
CG: Sí, porque muchas veces, cuando sufrimos un problema, intentamos esconderlo bajo la alfombra, ignorar lo que no funciona y seguir adelante. Pero una pérdida profunda nos enfrenta al abismo de la vida y nos hace comprender que todo tiene un final y que esta es la única vida que podemos vivir. En la novela, ese momento marca el inicio del despertar de Iris, cuando empieza a destapar lo que había ocultado, comprende que no es feliz y decide cambiar. Hay pérdidas involuntarias que debe aceptar y otras que decide asumir para transformar su vida.
P: En la novela aparecen varias historias de amor, con distinta fortuna, y se refleja la preocupación de los padres por las elecciones sentimentales de sus hijas. ¿Es algo consciente?
CG: Claro. Hoy tenemos la suerte de poder rehacer nuestra vida y nuestras relaciones. Antes, cuando te casabas, era para siempre, especialmente para las mujeres que dependían económicamente. Ahora, es normal que los padres se preocupen. ¿Cómo no hacerlo? Pero este libro también habla de segundas oportunidades y de permitirnos equivocarnos y volver a empezar. Y eso implica dejar que nuestros hijos se equivoquen, aunque duela. Hay que estar ahí, acompañar sin enfadarse. Es difícil, pero de eso también se aprende.
P: Las flores tienen una presencia muy importante en la obra, casi como un anticipo de lo que va a suceder.
CG: Sí, en cada capítulo. Algunas las tenía muy claras desde el inicio, como el diente de león, con el que comienza la novela, símbolo de un deseo: que el libro florezca en el lector. Otras las fui descubriendo en floristerías, en el campo o incluso durante sesiones de pintura. Me dejé llevar por ellas y, en otros momentos, tuve que salir a buscarlas porque marcaban el devenir de la historia.
La obra ‘El Jardín Dormido’
El Jardín Dormido es una novela de Carla Gracia, editada por Espasa, sello de Planeta, en enero de 2026. Cuenta con 325 páginas.
Para la autora, tanto la protagonista como parte de la trama reflejan aspectos muy personales de su propia vida. Hasta tal punto que los dibujos de flores que aparecen a lo largo del libro han sido realizados por ella misma. Esta técnica de
dibujo la aprendió como método para aliviar el estrés tras el diagnóstico de autismo de su hijo mayor.
En cada giro del relato, acompañando a la narración, aparece el dibujo de una flor y todo lo que esta simboliza: su capacidad de supervivencia, su floración, su uso a lo largo de la Historia, sus propiedades terapéuticas y la belleza sanadora que transmiten. Las flores se convierten así en el otro gran protagonista de la novela. Tras su lectura, será imposible volver a mirar una flor con indiferencia.
El lector encontrará una aventura inesperada y emocionante que explora cómo enfrentarse a los acontecimientos dolorosos e inevitables de la vida. Una historia que recorre el dolor, la esperanza y la búsqueda constante de un sentido.
El Jardín Dormido encierra un mensaje distinto y personal para cada lector.
Una lectura profunda, emotiva y difícil de olvidar.
Si quieres leer la entrevista completa, pincha aquí para acceder a ella: El Jardín Dormido.












