Una pancarta gigante ha sido desplegada en este puente de octubre en un edificio abandonado de Sociópolis, en La Torre, uno de los mudos monumentos al crack inmobiliario de la ciudad de Valencia. La acción la han organizado los colectivos ecologistas Mafull-Acció Ecologista Agró y Forn de Barraca, según un comunicado que ambos grupos han hecho público este sábado.
La leyenda de la pancarta, «Recuperem La Punta. No a la ZAL«, no deja lugar a dudas sobre el mensaje que pretende difundir. Y es que a juicio de estos dos colectivos, la reactivación de la ZAL del puerto de València por parte del Ayuntamiento de Compromís y PSPV en la zona de La Punta no hace sino ahondar en una auténtica herida patrimonial, agrícola y ecológica abierta hace casi 30 años por el anterior gobierno municipal del PP.
Hace poco más de un año el Consell declaró la Emergencia Climática y afirmó que con esta declaración se pretendía «asumir la responsabilidad de hacer frente a la crisis ecológica escuchando las demandas de la sociedad civil», recuerdan los ecologistas en su comunicado. Mientras tanto, lamentan, «seguían activos múltiples proyectos que acababan con gran parte de la huerta valenciana. La ampliación de la V-21, que se ha demostrado totalmente innecesaria, supuso la desaparición de muchos kilómetros del pulmón verde que supone la huerta activa de nuestro territorio, así como el derribo de alquerías centenarias como la de Bayarri o el Forn de Barraca».
Al otro lado de la ciudad, en La Punta, se libraba desde los años 90 una gran batalla vecinal y ciudadana contra la especulación urbanística, que comenzó cuando el PP decidió construir una ZAL para el puerto de Valencia en un terreno de huerta productiva y donde vivían varias familias, «que fueron deportadas, arrancadas de sus casas, de su huerta y de su forma de vida», relata el comunicado.
Continúa el relato adquiriendo tintes dramáticos: «El daño no fue solo personal, sino también patrimonial y ecológico. Ante la impotencia del vecindario, que se organizó en la plataforma La Unificadora para plantar cara a esta barbarie, las máquinas arrasaron con todo: Alquerías, huerta, cultivos, acequias…, convirtiendo un terreno fértil en un desierto».
En 2015 este proyecto fue paralizado por el Tribunal Supremo aunque el mal, recuerdan los ecologistas, ya estaba hecho. Parte de las personas expulsadas de sus casas habían muerto, el patrimonio arquitectónico y ecológico habían desaparecido pero, eso sí, «surgía la oportunidad de volver a producir en la huerta».
En el devenir lógico de los hechos, La Punta tenía ante sí una oportunidad de volver a regenerarse, a recuperar parte de su antiguo esplendor. Un sentimiento que se convertiría en una auténtica quimera cuando, en 2017, el gobierno del Botànic, formado por el PSPV, Compromís y Podemos, reactivaba la ZAL «olvidando los principios progresistas, la protección del medioambiente y la lucha contra la especulación urbanística que tanto defendían cuando dos de estos partidos se encontraban en la oposición» (Podemos tenía representación parlamentaria en Les Corts por primera vez en aquella legislatura).
El 1 de mayo de 2020, los afectados y los grupos ecologistas supieron por la prensa «que el Ayuntamiento de València daba luz verde a la ZAL y había un plazo de ejecución de ocho meses». La pesadilla se confirmaba volviendo al punto en el que se había quedado cuando el Supremo la había paralizado.
«Hoy, desde Mafull-Acció Ecologista Agró y el colectivo Forn de Barraca, hemos desplegado una pancarta gigante con el lema «Recuperem La Punta. No a la ZAL» en un edificio abandonado de Sociópolis, otra muestra más del urbanismo salvaje, esta vez en La Torre, que ha caracterizado al País Valencià en diferentes épocas de su historia», señalan los grupos ecologistas.
«Confiamos en que la lucha ciudadana conseguirá que en La Punta se recupere la huerta productiva tan necesaria para la ciudad y el planeta. Si realmente el Consell quiere hacer frente a la crisis ecológica escuchando las demandas de la sociedad civil, le pedimos, exigimos, que ni pinte de verde con cuatro árboles un proyecto que mata la huerta. Que escuche la voz de la ciudadanía que reclama la huerta productiva», concluye el comunicado.








