En el mundo de las Fallas, la indumentaria tradicional es uno de los elementos más queridos y cuidados. En una romántica mirada a la vestimenta que valencianos y valencianas lucieron en los siglos XVIII y XIX, sobre todo en la huerta ganada a la Albufera, flecos, borlas, mantillas, peinetas y sobre todo la seda, que entonces constituía una de las industrias de mayor arraigo entre las clases populares, las Fallas sostienen la indumentaria como enseña junto a los propios monumentos de cartón piedra.
Por ello, no es de extrañar que la elección de las telas por parte de las Falleras Mayores de Valencia y sus respectivas Cortes de Honor, se convierte en uno de los secretos mejor guardados, desvelados sólo en los primeros actos que van a protagonizar, como la Exaltación que se celebra en el mes de enero en el Palau de la Música.

Pasamanería cuidada con un preciosismo y rigor histórico, junto a los aderezos y demás elementos ornamentales, no hacen sino ensalzar una figura estéticamente única en el mundo, como icono de la Fiesta.
Ayer por la tarde, la Fallera Mayor de Valencia, Marina Civera Moreno, acudió a las instalaciones de Vives y Marí, fabricantes sederos ya habituales de la Junta Central Fallera para elegir los colores del espolín que lucirá en las ocasiones más importantes.

Marina escogía también todos los colores de trama, así como los metales que se utilizarán para tejer la tela más importante de su año de reinado. El resultado se podrá disfrutar en el Palau.
No tardará en pasar por la sedería Sara Larrazábal, Fallera Mayor Infantil de Valencia 2019, para hacer lo propio. Y tras la seda, llegarán los complementos.
Un traje de fallera de pies a cabeza
Comenzando con los zapatos, planos y blandos, semejantes a las ‘espardenyes’ del campo, se forran en su parte superior con la misma seda o complementaria a la del traje en sí. Los actos falleros son muchos y contar con un calzado cómodo es tremendamente importante para la fallera.
Las piernas se cubren con medias de seda o algodón, adornadas con bordados. Sobre ellas las enaguas, prenda de ropa interior bajo la falda, junto a una estructura llamada ahuecador cuya función no es otra que la de dar volumen a la falda.
La falda puede ser de seda o rayón, siendo la primera la que otorga más injundia a la vestimenta. Sobre ella se coloca el delantal, símbolo que remite claramente a las tareas domésticas de antaño.
En cuanto a la parte superior, una prenda llamada camisa, especie de camisola larga que en aquellos tiempos constituía la única ropa interior superior conocida, antes de que aparecieran los sujetadores y camisetas que conocemos hoy en día. Sobre ella se coloca el corpiño, confeccionado con la misma tela o seda que la falda.
En la cabeza, el peinado -que suele acompañarse con postizos puesto que de hacerse con el pelo natural, éste tendría que ser largo y abundante- se toca con las peinetas, clavadas en los moños, así como las agujas y horquillas que sujeten los citados moños y rodetes -pequeños moños laterales que recuerdan en cierto modo a los de la Dama de Elche-.
La joia es también uno de los elementos clave, puesto en el escote para sujetar la manteleta, así como el collar y los pendientes. Y para los días de climatología adversa, la mantilla, aunque ésta última es la opcional.








