Agentes medioambientales de la Generalitat Valenciana han informado del levantamiento del cadáver, ayer martes, de un macho reproductor de águila perdicera (Aquila fasciata) en Ribesalbes, en plena Sierra de Espadán, por electrocución. De nuevo un tendido eléctrico sin la debida protección siega la vida de un ave rapaz que en la década de los ochenta contaba en la Comunitat Valenciana y Cataluña la población más densa de la península ibérica y que hoy se encuentra En Peligro de Extinción desde su inclusión como tal en el Libro Rojo de las Aves de España (2004).

El cadáver fue encontrado debajo de un tendido eléctrico con evidentes signos de electrocución. Este ejemplar, equipado con GPS, estaba siendo objeto de seguimiento por la Universitat de València, en el marco de un proyecto dirigido a monitorizar la evolución de la población de esta especie en la zona.

Conviene aprender del caso de este ejemplar en concreto qué implicaciones tiene su muerte, para entender en toda su dimensión lo que este tipo de episodios significan en el contexto de la conservación y recuperación de esta especie. Su condición de marcho reproductor hace que su muerte suponga el abandono de la puesta por parte de la hembra, ya que la pareja se hallaba en pleno proceso de incubación. Por lo tanto, a su propia desaparición hay que añadir como perjuicio que no van a nacer los ejemplares que habrían contribuido a una potencial recuperación de la población de águilas perdiceras en nuestro territorio.
Esta muerte no hace sino volver a poner de manifiesto el lamentable camino mortal que constituye la falta de protección en los tendidos eléctricos de la Comunitat Valenciana, pese a la obligación de dicha protección dispuesta en la legislación vigente.
La Societat Valenciana d’Ornitologia (SVO) ha llamado la atención de forma reiterada y constante sobre este problema, que diezma de forma muy preocupante la población de avifauna en nuestra geografía y, en casos como éste, cobra mayor crudeza aún si cabe en especies que ya están en peligro de extinción y en aquellas, como el águila perdicera precisamente, que incomprensiblemente no gozan de esta calificación por parte de la Generalitat pese a existir evidencias suficientes para ello.

De hecho, la SVO ha puesto de manifiesto con igual insistencia sobre el hecho de que la administración autonómica no esté sancionando a las empresas eléctricas por provocar las muertes en sus instalaciones inseguras. Sin ánimo de establecer una relación causa-efecto gratuitamente, lo bien cierto es que la falta de acción correctora está sembrando un clima de impunidad que no hace sino dar un paso atrás en la recuperación de estas especies que convierte en estériles los esfuerzos de todo tipo de iniciativas conservacionistas.
Resulta alarmante la cantidad de rapaces que se recogen electrocutadas. De los 53 ejemplares de águila perdicera equipados, como el encontrado muerto en Ribesalbes, con sistema GPS para su monitorización desde 2015, han muerto ya 25, prácticamente la mitad.
La SVO lanza una pregunta que llama a la reflexión en este sentido: ¿Cuántas miles de estas crucetas mortales quedarán aún por corregir? La asociación conservacionista vuelve a incidir en una realidad incontestable: La tasa de mortalidad de esta especie es insostenible, pero la Conselleria de Agricultura y Medioambiente no la cataloga como En Peligro de Extinción, cuando son bien conocidas sus amenazas, que comparte con otras muchas rapaces. Y casos como éste vuelven a poner en evidencia la necesidad, cada vez más acuciante, de adoptar un plan que logre eliminar las amenazas y conseguir su recuperación.
En este sentido, el problema concreto de las electrocuciones tiene una solución muy rápida, quizás la más sencilla de aplicar si se tiene voluntad auténtica de ponerla en marcha: Hacer cumplir la Ley.








