Durante los últimos meses, hemos visto como varios medios de comunicación han hecho énfasis en los incrementos de los niveles de arsénico de agua en diferentes ciudades. Un escenario que es mucho más preocupante de lo que en un principio puede parecer y que el único motivo para no entender su gravedad es debido al desconocimiento que provoca este término.
El arsénico es un elemento químico presente de forma natural en la corteza terrestre. A través de procesos naturales y actividades humanas, puede encontrarse en el agua subterránea en diferentes puntos de nuestra geografía. Entre ellos, por ejemplo, algunas comunidades autónomas de nuestro país. La presencia de arsénico en el agua potable es un problema de salud pública a tener en cuenta, como consecuencia de sus efectos tóxicos y cancerígenos. Te contamos todo lo que tienes que saber.
¿Qué es el arsénico de agua?
Como ya hemos anticipado, se trata de un elemento químico que está presente en la corteza terrestre. En contra de la creencia general, puede existir en varias formas químicas, siendo las más comunes el arsénico inorgánico y el orgánico. El arsénico inorgánico, que es el más tóxico, suele encontrarse en el agua subterránea, especialmente en regiones con actividad volcánica, mineralización y otros fenómenos geológicos.
El arsénico puede estar presente en el agua en diferentes formas: todas ellas con efectos nocivos para nuestro día a día. Las concentraciones de arsénico en el agua subterránea pueden superar con creces los límites permitidos y recomendados por los diferentes organismos.
Riesgos para la salud
Pero, ¿qué riesgos tiene para la salud? Lo primero que debemos tener en cuenta es que el arsénico es un carcinógeno conocido. Por lo tanto, la exposición crónica al arsénico en el agua potable está asociada con un mayor riesgo de desarrollar varios tipos de cáncer. Entre ellos, los más frecuentes. Un buen motivo para evitar al máximo su ingesta.
Además, el arsénico en el agua potable también se ha asociado con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares. El motivo es que la exposición al arsénico puede provocar daños en los vasos sanguíneos y aumentar el riesgo de que nuestras arterias se endurezcan, con la problemática que ello puede llegar a causarnos.
La diabetes es otra de sus consecuencias. Puesto que puede interferir con la función del páncreas y la producción de insulina. Traduciéndose en una regulación deficiente de la glucosa en la sangre. Además, también se han detectado problemas neurológicos entre las personas afectadas, problemas reproductivos o, incluso, lesiones cutáneas.
Como hemos comprobado, nos encontramos ante uno de esos productos que es mejor evitar a toda costa. Gracias a la irrupción de empresas especializadas en su erradicación, vamos a poder tener una mayor tranquilidad, evitando al máximo el contacto con el producto. En caso de duda, siempre es recomendable ponernos en contacto con estas empresas para evitar que podamos vernos afectados por enfermedades como a las que hemos hecho mención previamente.








