La sociedad entre Roger y Jason fue suficiente para doblegar al Numancia en el Ciutat de Valencia. Los dos jugadores granotas capitalizaron la sexta victoria consecutiva del Levante en el ecosistema de la categoría de Plata en una mañana en la que el fútbol escaseó. Hace una semana dejaron su impregnación en la victoria consignada en el feudo de El Alcoraz de Huesca. Y su latido no tiene final en el marco de la secuencia liguera. El número conquistado adquiere trascendencia por su calado y, es una evidencia, por su magnitud.

La escuadra que prepara Muñiz parece dispuesta a transgredir las leyes que emanan de una división con una tendencia suprema hacia la igualdad. La fuerza del equipo de Orriols quiebra esa pretendida simetría que, por norma, suele caracterizar a la categoría Plata.A falta de estética, pegada y contundencia para resquebrajar la paridad de un partido que el Levante nunca llegó a domesticar en su totalidad.
En jornadas de zozobra, el bloque se agarró a la clarividencia de una dupla de contenido letal ante el veneno que inocula en sus apariciones compartidas. La acción fue diabólica en su concepción y mortífera en su conclusión con Jason alzando las manos hacia el cielo de Orriols en señal de gratitud.
El Levante había perdido de visto la línea de medios anestesiado por la efervescencia de Julio Álvarez. La entidad castellana se movía por la faz del Ciutat de València con jerarquía. Su dominio no era indiscutible, pero tampoco discutido. No obstante, todo se precipitó tras una acción trenzada que protagonizaron al unísono Jason y Roger. Una mirada bastó para erosionar la defensa soriana y para evidenciar una complicidad absoluta. Todo aconteció a la velocidad del sonido. Roger contempló por el rabillo del ojo la poderosa zancada de Jason en veloz internada para desafiar la autoestima de Aitor.

El gallego alzó la vista para escrutar el universo al que se enfrentaba. En ese instante su mente ya había procesado todas las variantes que requería la situación con el fin de tomar la decisión más acertada. Roger ejerció de asistente y Jason ajustició el gol. Y ya van veinte dianas desde una perspectiva global. La diana confirmó la voracidad de un colectivo sobrado de argumentos ante las redes contrarias. No necesita la entidad de Orriols conjugar con las normas del balompié para dejar su rastro y dominar las confrontaciones.

Álvarez, omnipresente, orquestaba el juego soriano. El Numancia se mostró sobre el feudo azulgrana como un grupo aseado. Fue realmente académico en sus movimientos y conceptos aunque quizás algo evanescente cuando se trataba de invadir el área defendida por Raúl. Su juego pausado no alcanzaba el arrebato cuando se trata de buscar el gol. Y ya se sabe cómo se las gasta la categoría con los tibios de mirada. De hecho, la portería granota, a cero por sexta semana consecutiva, apenas si sufrió escalofríos de consideración durante el total del encuentro.
Pese a las perturbaciones, y pese a esa sensación que dictaba que el Levante no encontraba los resortes y los registros para cerrar definitivamente el duelo, el Numancia no logró cambiar el destino del encuentro, a pesar de que pisó el área azulgrana en los minutos finales. Todo fue en vano. La sociedad Roger-Jason había garantizado el triunfo.
Levante UD: Raúl, Toño, Rober Pier, Espinosa (Verza, min 68), Roger, Morales (Saveljich, min 87), Postigo, Pedro López, Insa (Abraham, min 85), Jason y Campaña.
CD Numancia: Aitor, Ripa, Iñigo Pérez, Julio, Dani Calvo, Gutiérrez (Capilla, min 84), Jairo (Acuña, min 77), De Galarreta, Valcarce (Nacho, min 62), Mateu y Orfila.
Árbitro: Eduardo Prieto Iglesias. Comité Navarro. Amonestó con cartulina amarilla a Orfila por el Numancia y a Raúl y Toño por el Levante.
Goles: 1-0. M. 16. Jason.







