El último domingo de julio fue también el último día del mes, y también el último de la edición 2016 de la Feria de Julio, la Gran Fira de Valencia. Con un calor inclemente que golpeaba el ánimo, miles de valencianos hicieron vencer a la vocación festera que llevan dentro para, dejando de lado cualquier otra consideración, abandonarse al fragor de la única guerra que no solo no arrasa vidas humanas, sino que las llena de alegría, fragancia y juego, como los niños: La Batalla de Flores.

Se había ampliado el recorrido en espacio y tiempo buscando, precisamente, la mayor diversión y ocio de los asistentes. Y como dicen que pocas cosas gratis dan tanto, la fiesta de los clavelones se abrió paso y venció al calor.

Una vez más. La número 125, como nos ha recordado con su magnífica exposición el cronista valenciano Rafael Solaz, el hombre que atesora en su mente y su archivo con el mayor compendio de conocimiento alrededor de su, nuestra querida Valencia, su historia, sus costumbres, sus imágenes, tradiciones…, memoria colectiva valenciana.

Aunque, dicen, la competición que reviste la Batalla de Flores es lo de menos, justo es decir que el Premio Barón de Cortes se lo llevó la carroza ‘Fades de Primavera’ de Roda y Guaita, con el diseño de Marina Puche. Pero el mayor premio fue la alegría intensa y contenida en el rostro de cientos y cientos de niños y niñas valencianas, que sin el menor esfuerzo se contagió a los mayores como la pólvora.

Adiós, Feria de Julio. Nos veremos el año que viene. Hola, mes de agosto. Valencia, un año más, desafió al calor del verano con Cultura, Fiesta, Tradición e Innovación a partes iguales, convirtiendo sus calles y plazas en un ‘correfoc’ de conocimiento, ocio y fiesta, un museo al aire libre.















