Jimmy Entraigües .- Recientemente agraciada con una mención honorífica al talento por su libro ‘La llave I: los buscadores de almas’ (Editorial Caligrama), la escritora valenciana Vanessa Aguilar abre un hueco en su apretada agenda para la entrevista y brindarnos la oportunidad de conocer, más de cerca, su actividad literaria e interés por el género de la fantasía.
Junto a su labor como auxiliar de enfermería , Aguilar vuelca en su función como narradora temas como la salud mental, el cuidado del medio ambiente, las experiencias más allá de la vida, el sentido del ser y la consciencia o el crecimiento personal desde la perspectiva espiritual.

Desde su primer libro (‘Lo que no te conté’, 2006), Vanessa Aguilar ha indagado en la exploración de la sensibilidad humana y su universo interior. Para su segundo trabajo (‘El abrazo del oso’, 2011) ya relata su propia vivencia personal tras haber pasado por una experiencia cercana a la muerte (ECM). En 2021 publica ‘La bella despierta’ donde reúne una serie de cuentos y reflexiones bajo temáticas identificativas de su quehacer como narradora; pero sería hacía finales de ese año cuando salta a las librerías su obra más compleja y sustantiva: ‘La llave I: los buscadores de almas’, toda una aventura de fantasía que amalgama los territorios y fronteras tan pegados a su quehacer literario como a como su visión de la vida. Recientemente Aguilar acaba de presentar ‘La Llave II: los siete’, una segunda parte cargada de aventuras y temas que promete situar a sus personajes una interesante saga de hechos ante nuevos mundos que se abren.
Frente a un café y un refresco, Vanessa Aguilar se muestra sonriente y muy empática para abordar las preguntas.
Pregunta: ¿Cómo se inicia esta vocación literaria o qué momento de tu vida surge el deseo de escribir?
Vanessa Aguilar: Desde niña. Surge desde niña. Por mi abuela materna, que se llamaba Gregoria. Yo fui una niña muy alegre pero…, en un momento dado me convertí en una niña muy retraída. Cuando tenía cinco años, aproximadamente, tuve una ECM y esto me cambió la vida. Jugando, me tragué ocho pesetas y me empecé ahogar. Mi madre y mi hermano se dan cuenta y me ponen boca abajo y comienzan a golpearme y sacudirme para que expulse las monedas y…, llegado un momento ya no siento dolor, me siento tranquila y… Salgo fuera de mi cuerpo…, empecé a ver un entramado de luces muy bonito, no vi el típico túnel pero sí había una luz muy potente que me arrastraba con fuerza. A todo esto, yo tenía un cuerpo luminoso, interpreto que es el alma. No había dolor, mi madre, desde esa perspectiva, no era mi madre. Mi hermano y mi hermana tampoco lo eran. Solo había amor. Había una comprensión plena de orden celestial donde todos veníamos a aprender y compartir y…, lo que me impactó fue la despersonalización de aquel momento. Descubrí que mi madre no era mi madre sino algo mucho más profundo y grande de lo que era ella y todo lo que me rodeaba. Entonces, en un momento dado apareció un ser por detrás, y me dice: “no es tu momento”. Aquel ser me empuja justo en el momento en el que mi madre me daba la última palmada en mi espalda y arrojo todas las monedas de golpe. A partir de aquel suceso me di cuenta de que no encajo en el mundo. Es como si hubiera abierto una puerta a otra realidad. No encajo porque el amor que percibía en mi casa era egoísta, también en la escuela me parecía que todo era superficial, banal, de apariencias… Entonces mi abuela, que era una mujer sensitiva y tenía un don, sabía que yo era introvertida por lo que me había pasado y creo que me preparaba cuando iba todos los veranos a pasar mi tiempo a su casa de Enguera. Ella recitaba poesía y yo las escribía y las modificaba y le proponía otras palabras y ella aceptaba. También me da dinero con el que compro un diario y ahí vuelco mis ideas, mis pensamientos y descubro que mi escritura está volcada en las emociones. A través de la escritura encontraba el mecanismo para desahogarme. Mi abuela se dio cuenta de aquello y lo fomentó. Antes de fallecer mi abuela, yo tendría unos quince años, me presenté a un concurso de relatos de la escuela. Yo no quería presentarme pero mi abuela, que ya estaba moribunda, insistía y me decía que me presentara. Le prometí que lo haría y…, gané el concurso de la escuela. Justo después de ganar el premio mi abuela fallece y me gasté todo el dinerillo que había ganado en comprarle un ramo de flores. Fue por ella que empecé a escribir. Ella me salvó.
P.: Tu abuela te inculcó el amor por la palabra.
V.A.: Ella encontró la vía para que yo me expresara.

P.: Tanto tu primer como segundo libro representan una invitación a la introspección espiritual y vivencial, es como buscar en el lector una complicidad hacia un viaje interior. ¿Es un interés personal el mostrar tus experiencias y vivencias para indicar que es un recorrido que se debe hacer o…, es una invitación a la reflexión sobre los temas que te afectan?
V.A.: (se toma unos segundos en responder) Hmmm, creo que las dos. Creo que es un regalo el poder compartir vivencias y al mismo tiempo una reflexión sobre cómo entendemos la vida tanto desde el exterior como del interior. En ‘Lo que no te conté’ yo tenía enfado social. Creo que es un libro en el que expresé todo lo que no había podido contar. Voy a ser sincera, es un libro del que no me arrepiento, pero del que tampoco me siento orgullosa. Estaba en ese periodo de la oscuridad, del malestar, del enfado social… Fíjate, a raíz ‘Lo que no te conté’ viene un proceso de despertar espiritual muy fuerte. Justo a continuación del libro, empiezo a sentir que la vida es algo más, que no podía quedarme estancada, que la única responsable de todas las cosas que había vivido soy yo y me sumerjo en una noche oscura del alma y…, aquello me cambió completamente la vida.
P.: Digamos que el libro cumplió una función terapéutica.
V.A.: ¡Sí, sí, totalmente! El que hizo verme toda la farsa que yo me había montado fue ‘Lo que no te conté’, porque me di cuenta que había culpado, culpado y culpado hasta que te das cuenta que…, aquí falla algo. Yo pensaba que iba a ser un libro amoroso y resulta que estoy vacía. Es un libro que hizo verme a mí misma y…, luego llegó ‘El abrazo del oso’.
P.: Con tu segundo libro ya hablas de un suceso que marcó tu vida.
V.A.: Ese libro ya es otra cosa. Ese libro nace saliendo de un proceso muy fuerte de despertar espiritual y…, que nunca acabamos de realizar ese proceso. Hay un crecer constante cuando abre su parte espiritual. ‘El abrazo del oso’ es precioso porque todo el enfado que tenía con respecto a la espiritualidad, cómo me relacionaba con el mundo, los demás y yo…, esa separación tan egocéntrica, ¿no? Pues…, con ‘El abrazo del oso’ me ocurrió todo lo contrario. Yo era una persona muy callada, no compartía nada de lo que vivía o experimentaba y era muy mía. Cree una asociación con el mismo nombre que ayudaba a la gente a morir y…, desde la asociación realizábamos una labor de ayuda a la gente que hacía su tránsito hacía la muerte y…, también de ayuda a los familiares que tenían que vivir el duelo y…, dejé la asociación en el mejor momento, en un punto donde muchísima gente se ponía en contacto conmigo. Llovían los correos electrónicos desde todas partes de España. La gente necesitaba agarrarse a alguien en su dolor, en su pérdida y…, eso se convirtió en un sin vivir y yo había cambiado. No quería que la gente me idealizara, no como a una gurú. Quería que la gente conociera a Vanessa no a una líder o…, a una figura que representaba algo más. Así que dejé la asociación. Te comento que cuando escribo el libro, me voy con un amigo a ver una conferencia de Merce Castro al Ateneo Mercantil de València. Merce perdió un hijo en un accidente de tráfico y aquello le cambió la vida y desde ese momento entiende que la vida es mucho más que un trabajo o mucho más que las obligaciones cotidianas (detiene su explicación al sentirse emocionada) y…, en la conferencia Merce habla del duelo, de la continuidad de la vida después de la vida y…, hace un ejercicio para visualizar a nuestros seres queridos y cerramos los ojos y…, antes de concluir el minuto de concentración que ella había pedido, abro los ojos y veo la sala llena de energía, toda la sala llena de seres luminosos, todos estaban en paz y…, bueno me lancé en mandarle a Merce un mensaje contándole la experiencia y ella me responde diciéndome, “¿pero qué haces con todo eso sin compartirlo con nadie?”. Entonces me propuso que escribiera sabiendo que hacia un bien para muchas personas (vuelve a emocionarse al recordar el momento) …, me dijo: “tú tienes una virtud, utilízala”. Fue ella la que me propuso que lo escribiera y yo le dije que lo haría en forma de cartas porque…, algún día mi hijo sabrá, de alguna manera, quien es su madre y al leerlo sabrá que le digo “soy esto”. Yo le mandaba las cartas y ellas las leía y…, yo no pensaba en publicarlo, pero me insistió y me dijo, “tienes que publicarlo”. Entonces apareció Pilar Basté, que era la directora de la editorial Luciérnaga, y…, lo publicamos. Y a raíz del libro surge la asociación, pero…, tuve que dejarla. La gente me idealizaba y yo estaba perdiendo a mi hijo y me hice auxiliar de enfermería y a partir de ahí he podido ayudar a la gente desde una forma más discreta.

P.: ¿Y cómo pasas de un modelo de escritura, tan personal e íntimo, a crear una saga literaria dentro del género de la fantasía con ‘La llave I: los buscadores de almas’?
V.A.: (sonríe) Pues…, la idea nace en 2006. No me refiero a la historia al completo, sino a la idea de realizar un libro. En aquel momento me fui a vivir al sur de Francia. Me siento sola, veo que aquí no me entiende nadie y me marcho. Buscaba respuestas y quería saber porqué veía luces y sombras, energía alrededor de los árboles, colores alrededor de los cuerpos… Un día llegó a una plaza y encuentro una librería que se llama ‘Cuerpo y alma’ y entré y…, allí conocí un hombre llamado Bonnet, dueño de la librería, y…, al entrar el me mira y yo lo miro y ambos descubrimos que vemos y sentimos las mismas cosas. Pierre se da cuenta que estoy viviendo el proceso que él vivió hace treinta años. Me da un abrazo, se pone a llorar y me dice: “al fin encuentro a alguien como yo que puede ver”. Nos hicimos muy amigos, me cedió su casa y se portó muy amablemente conmigo. Él a partir de su experiencia se hizo psiquiatra, sexólogo…, y me ayudo mucho. Me dijo: “tú no aceptas tu oscuridad, tienes que abrazarla” y…, aprendí que las sombras están para que evolucionemos y descubrí que todo eran frecuencias. Empecé a abrazar la oscuridad, a abrazar el odio…, y descubrí que yo no odiaba tanto como pensaba, me di cuenta que había que dejar de culpar y empecé a mejorar. Pierre me hizo prometerle que algún día yo escribiría una saga (detiene sus palabras al emocionarse) donde él y yo seríamos los protagonistas. Que le contaría al mundo nuestra historia de una forma divertida para que la gente tomara consciencia de lo que habíamos vivido. Un año y medio después, ya en Valencia, paso por la Plaza de la Reina y encuentro un mercadito medieval y…, veo un señor que hacía llaves artesanales en forja, a mí me encantan las llaves. Me enamoré de una de ellas y en el momento que cogí la llave empieza a descargarse una información donde veía a Pierre y me veía a mí en una trama de fantasía, con distopía, con magia… Llegué a mi casa y ya por la noche me puse a escribir. Ese día empezó la saga. Tardó en fraguarse el proceso de escritura ya que en ese periodo me divorcio y me veo con un niño, realizando trabajos basura y cambiando de casa. No tenia tiempo para nada. Y…, la vida me regaló, justo después de la pandemia, un año maravilloso para que pudiera escribir la novela. Tengo que decirte que yo ya tenía toda la historia esquematizada en mi cabeza y sé dónde empieza y dónde termina cada situación. Fue un proceso duro, pero entre 2008 y 2010 pude terminar los primeros libros de la saga.
P.: Y en 2024 llega el premio Promesa por ‘La llave I: los buscadores de almas’.
V.A.: Debo darle las gracias a la editorial Caligrama por todo su apoyo. Un 29 de junio recibo un mail de la editorial diciéndome que soy finalista y…, no pude parar de llorar cuando lo leí. Para mí ser finalista era ya sentirme ganadora. Además, Caligrama se arriesgó mucho porque se trataba de una primera parte y…, apostó por la saga. Fíjate que la noche de entrega de premios cuando me entregaron la Mención Honorífica fue como si me hubieran dado el primer premio. Fue una noche que viví con mucha intensidad.

P.: Y este año aparece la segunda entrega de la saga y…, supongo que ya estarás preparando su tercera entrega, ¿sí?
V.A.: Sí, sí, por supuesto. Se trata de una tetralogía y eso significa escribir dos libros (dice sonriendo). Me estoy releyendo la primera y la segunda parte para ser coherente en todo lo que ocurra en las dos próximas entregas. Hay mucha evolución en los personajes, hay mucha aventura y los secundarios tiene su propio viaje del héroe y cada uno representa una emoción.
P.: También habrá otra lectura, una segunda capa más allá del viaje del héroe.

V.A.: ¡Por supuesto! Hay una trama en las dos próximas novelas que no solo es de aventuras sino también de un verdadero viaje interior. La llave es algo más que fantasía. Creo que la literatura debe ser una llave que abra el interior humano. Intento llegar a todos los lectores con una trama que les divierta, les atrape y les permite descubrir un mundo interior. Es la finalidad de este juego de aventuras, una aventura que nos lleva a descubrir las luces y las sombras y a superar adversidades desde la parte más íntima de cada uno.
P.: Vanessa, ha sido un placer hablar contigo y que nos desveles tu mundo interior y tu mundo literario. Felicidades por el premio y mucho éxito con tu labor como escritora y tus historias tan ricas en universos que nos afectan.
V.A.: Gracias, de corazón, a vosotros por la entrevista y permitirme hablar de mis novelas. Espero que los lectores disfruten con ellas y descubran el mundo que les rodea y otros.








