La asociación Ecologistas En Acción ha llamado la atención en un comunicado sobre el hecho de que el águila-azor perdicera (Aquila fasciata), declarada en peligro de extinción por la Unión Europea y en otras comunidades autónomas como las vecinas Aragón y Murcia, siga teniendo en la Comunitat Valenciana la catalogación de meramente ‘vulnerable’.
Se trata, a criterio de la asociación ecologista, de un hecho insólito que pese a la gran mortalidad de las águilas adultas y la pérdida continua de sus zonas de cría y, pese a las continuas peticiones presentadas por entidades científicas y conservacionistas como SEO-BirdLife o la propia GER-Ecologistas en Acción, parece no merecer el cambio de criterio del Govern del Botánic, ya que la Conselleria de Agricultura y Medioambiente sigue rechazando todas y cada una de las propuestas para modificar su estado de protección a ‘En Peligro de Extinción‘, basándose en los «Criterios orientadores para la catalogación de taxones” de muy discutible validez para evaluar el estado real de esta especie.

Y todo ello pese a que la perdicera es la única especie de águilas de la Comunitat Valenciana cuya población no mejora hasta el punto de colocarse en una situación sensiblemente peor que la del águila imperial ibérica o la del buitre negro, que poco a poco van alejándose del peligro de extinción. Su población ha disminuido un 30% en nuestra Comunitat desde el 2005 y sólo quedan 66 parejas -de las 700 que habitan España, que suponen el 70% de la población de toda Europa-.
Hay más datos que ponen en evidencia la errónea visión de la Conselleria dirigida por Mireia Mollà, a criterio de Ecologistas En Acción, como el hecho de que en la provincia de Castellón hayan disminuido a la mitad las parejas nidificantes, hasta quedar solo 17 que además consiguen mantener sus territorios sólo por la captación de individuos jóvenes nacidos en otras provincias. En la de Valencia, por otro lado, el número de ejemplares ha disminuido algo menos y la de Alicante es la única provincia en la que su población se mantiene estable en los últimos años.
A la pérdida de territorios de cría y a la baja tasa de reproducción, se le suma el gran aumento de la mortandad. Se ha contabilizado la muerte de 82 águilas en los últimos 5 años. El 70 % de estas muertes corresponden a águilas territoriales que son aquellas que pueden criar y mantener poblaciones.
Las causas de las muertes son la electrocución, el ahogamiento, la caza o el envenenamiento. La causa que más afecta al águila perdicera son las electrocuciones y colisiones con los tendidos eléctricos que llegan al 57 % de los casos. El ahogamiento en balsas de riego y antiincendios suponen el 11 %, la muerte por disparos un 8 % y por último el envenenamiento un 5 %.
En las últimas semanas en la provincia de Valencia han muerto tres águilas perdiceras. Una se encontró ahogada en una balsa riego, otra sacrificada tras resultar electrocutada en Utiel tal y como ya informó este diario y la última colisionó fatalmente con un tendido eléctrico.

Ante esta situación, afirmar la asociación ecologista, «se debe actuar para que las águilas perdiceras no lleguen nunca a desaparecer de nuestros territorios. (…) Por eso denunciamos el incumplimiento de la Conselleria de Medi Ambient de su obligación de desarrollar los Programas de Gestión y Conservación del águila perdicera, así como la pasividad para solucionar las electrocuciones, por ejemplo, obligando a las empresas eléctricas a rectificar algunos trazados e incorporar la protección para aves en los apoyos y tendidos eléctricos».
Poblaciones como Pego, en La Safor, evidencian que una solución es posible si hay voluntad política y así, ya han tomado cartas en el asunto consiguiendo erigirse en zonas seguras para las aves rapaces antes de que sea demasiado tarde.
Ecologistas En Acción concluye con un argumento demoledor que invita a la reflexión: «Los Programas de Conservación de la especie y hábitat resultan mucho más económicos y efectivos que los planes de reintroducción de especies desaparecidas».








