Seis meses se cumplen este domingo desde que el Palau de la Música cerrara sus puertas a la programación aquejado de males estructurales. Seis meses, en definitiva, de silencio. Y por lo que se ve, nos esperan muchos más. En el Ayuntamiento de Valencia se teme que el coliseo musical valenciano no podrá volver a abrir sus puertas hasta, al menos, el año 2022.
Mientras tanto, el consistorio se ve obligado a ‘jugar al Tetris’ para poder reubicar la extensa e importante programación del Palau en otros escenarios de la ciudad. Una labor que hasta el momento ha ido salvándose con notable eficacia y que, visto lo visto, tendrá que seguir siendo así al menos dos años más.

Seis meses desde que el pasado 29 de junio cediera parte del techo de la sala Joaquín Rodrigo, afortunadamente sin provocar daños personales. Se especulaba ya entonces con la posibilidad de que este accidente tuviera relación con las goteras descubiertas meses atrás en la sala Iturbi, la más grande e icónica del Palau de la Música.
Ya entonces la oposición cargaba las tintas contra la gestión del gobierno municipal encabezado por Joan Ribó y con Glòria Tello al frente del Palau de la Música, dando por hecho que los problemas estructurales que asomaban como la causa más probable del desprendimiento, fueran consecuencia de una supuesta dejadez en el mantenimiento del edificio por parte de la concejalía. Para PP, Ciudadanos y VOX, el Palau ha sido abandonado a su suerte.
Pero el tiempo y sucesivos análisis han ido dando y quitando razones. Lo que en un principio parecía un problema solucionable a corto plazo ha ido desvelando otros más profundos e importantes y, por supuesto, con un origen bastante más lejano en el tiempo de lo que se pensaba. Afloraba entonces la posibilidad de que estos problemas vinieran dados por el diseño y contrucción originales, y no por el mantenimiento posterior del edificio. En cualquier caso, nada achacable a la actual corporación municipal llegara al consistorio.
Problemas que requerirán una gran inversión y mucho más tiempo de inactividad del que se pensaba en un principio y que, en el mejor de los casos, podrán empezar a principios de 2021, alargándose de 12 a 15 meses. El hecho de que la actual legislación obligue a realizar dos licitaciones diferentes alargan los plazos y de aquí que necesariamente haya que esperar más a volver a ver el Palau de la Música en marcha.
Y es que las obras no se circunscribirán, una vez sea aprobado el proyecto, a las salas Rodrigo e Iturbi, sino que afectarán a distintas estancias del edificio, sobre todo en lo tocante al consumo energético, la reparación del aplacado de piedra de la fachada y sobre todo, claro está, la eliminación de filtraciones de agua.
Todo ello encaminado a preservar, proteger y recuperar, en la medida de lo posible, el diseño de 1984 de José María García de Paredes. En la configuración final tras las obras pesarán de forma especial la accesibilidad y la sosteniblidad del edificio, además lógicamente de la funcionalidad primera de sus estancias e instalaciones.
El objetivo, según la concejala Gloria Tello, es volver a abrirlo «en el menor tiempo posible» y hacerlo «con una infraestructura renovada, en un edificio mucho más eficiente energéticamente, que será mucho más moderno y que recuperará la idea y la esencia del proyecto original para que pueda continuar ofreciendo a la ciudadanía valenciana su oferta cultural».
Con todo, la primera de las salas a rehabilitar será la Iturbi, la de mayor tamaño, lo que permitirá quizás una apertura parcial al término de esta primera actuación antes del plazo global.
El Palau de la Música debe volver a ser el centro neurálgico del amor a la música clásica en Valencia, con su icónica estructura de cristal presidiendo el antiguo cauce del Turia como ha sido desde su apertura en 1987 hasta hace seis meses. En su seno han asombrado al mundo entre otros Mstislav Rostropovich, Montserrat Caballé, Alfredo Kraus, Daniel Barenboim, Zubin Mehta, Teresa Berganza, Valeri Guérguiev y Ainhoa Arteta, que han sido distinguidas con su Medalla de Oro.
Por otro lado, numerosos festivales y eventos culturales y sociales de relevancia capital para la ciudad -como la Exaltación de las Falleras Mayores de Valencia, por poner un ejemplo-, tienen en el Palau de la Música su escenario tradicional unido como una segunda piel. Pero eso tendrá que esperar, de momento, hasta 2022.










