La consellera de Justicia, Interior y Administración Pública, Gabriela Bravo ha destacado que el botellón será considerado «una infracción grave con multas que van desde 601 a 30.000 euros», tras haber sido aprobado por el Pleno del Consell celebrado este viernes el decreto ley que modifica el régimen sancionador contra los incumplimientos de las medidas frente a la COVID-19.
Así se ha expresado la consellera al término de la reunión de coordinación de seguridad de medidas COVID-19 presidida por el president de la Generalitat, Ximo Puig, y en la que también ha participado la delegada del Gobierno en la Comunitat Valenciana, Gloria Calero, los máximos responsables del Cuerpo de Policía Nacional, la Guardia Civil y la Agencia Valenciana de Seguridad y Respuesta a las Emergencias; así como el alcalde de València, Joan Ribó, y representantes de los ayuntamientos de Alicante, Castellón y Elche, y de la Federación Valenciana de Municipios y Provincias.
Durante la sesión de trabajo, se ha informado sobre la modificación del Decreto-ley 11/2020, de 24 de julio por el que se establece el régimen sancionador específico contra los incumplimientos de las disposiciones reguladoras de les medidas de prevención ante la COVID-19, que entrará en vigor al día siguiente de su publicación en el Diari Oficial de la Generalitat Valenciana (DOGV).
En concreto, la norma prohíbe el consumo colectivo de cualquier tipo de bebida en la vía pública o demás espacios abiertos al público, cuando se constate por la autoridad inspectora que se impide o dificulta la adopción de las medidas sanitarias de prevención o del mantenimiento de la distancia de seguridad interpersonal.
Además, se califica como infracción grave la participación y, como muy grave la organización de reuniones, fiestas o cualquier otro tipo de acto equivalente, de carácter privado o público, que impliquen una aglomeración o agrupación de personas, cuando también «se constate por la autoridad inspectora que las circunstancias de la celebración impidan o dificulten la adopción de las medidas sanitarias de prevención o del mantenimiento de la distancia de seguridad interpersonal».
Por otra parte, el decreto incorpora la modificación de la ley de Salud Pública que permitirá avanzar la prohibición de la venta de bebidas alcohólicas en supermercados y tiendas al por menor a partir de las 20.00 horas.
Estas medidas se aplican a todo el territorio de la Comunitat Valenciana independientemente de si hay o no toque de queda en los municipios de mayor incidencia de la COVID-19.
Efecto disuasorio entre los jóvenes
La consellera ha explicado que «en este tipo de fiestas y de reuniones es donde tenemos el mayor índice de contagios, por lo que el denominado botellón se está convirtiendo en un gran factor de riesgo». Bravo ha justificado de este modo la necesidad de considerar el botellón como una infracción grave y establecer multas cuantiosas.
Para la consellera, la medida busca «un efecto disuasorio entre los jóvenes porque, aunque confiamos en ellos, debemos recordarles que el virus ataca a todos y que el 10 por ciento de los jóvenes que se contagian tienen secuelas muy importantes». Por eso Gabriela Bravo ha apelado a su responsabilidad y ha mostrado su confianza en que «cumplirán las medidas sanitarias».
La consellera ha pedido la máxima colaboración a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y en especial a la Policía Local, «porque son precisamente los ayuntamientos quienes conocen los lugares de mayor afluencia por parte de los jóvenes».
Por último, Bravo ha señalado que «no podemos consentir que las fiestas se trasladen a otros espacios donde no hay posibilidad de controlar los aforos ni de llevar a cabo ningún tipo de medida sanitaria, sobre todo el distanciamiento social».









Pues me parece muy mala medida o una medida muy estupida… ¿Qué ocurre si en este botellón participa un menor? ¿A quien multan o quien debe hacerse cargo de la multa? ¿El padre y la madre o tutores? ¿Y qué culpa tienen los progenitores o tutores de lo que hagan los querubines? ¿Les pueden castigar en su habitación sin salir para que luego les acusen de estarles reteniendo ilegalmente contra su voluntad? ¿Les pueden dar una buena y merecida OSTIA para que luego les acusen de violencia intrafamiliar? ¿Les pueden quitar el móvil para que les acusen de apropiación indebida y violar su derecho a la intimidad? Dejemonos de hipocresias, tenemos la sociedad que merecemos puesto que es lo que nosotros hemos creado. Mi generación creo que ha sido la última que ha escuchado a padres y abuelos, actualmente los jóvenes padecen de sordera crónica en combinación con soberbia, es decir, no te escuchan porque tú no sabes nada, y ellos lo saben todo. Los docentes no pueden ya enseñar a sus alumnos ya que cada vez son menos los que se esfuerzan por estudiar, ya que al regresar a casa con malas notas, los padres no regañan a ellos, sino que irán al sufrido profesor para quejarse de las malas notas de los hijos, cuando estos progenitores o tutores saben sobradamente que sus querubines no han estudiado, han perdido el tiempo con sus smartphones de última generación, la última videoconsola del mercado y las redes sociales. Así pues ¿Cómo los padres y maestros pueden educar? ¿Que miedo puede dar un león sin dientes y sin garras? Los niños son muy inteligentes y todos lo sabemos porque nosotros mismos hemos sido niños, pero nosotros teníamos un respeto y obedecíamos, ¿dialogaban nuestros padres con nosotros? Por su puesto, aunque generalmente más bien eran monólogos, el padre hablaba y el hijo escuchaba, punto. La familia no es una democracia y no debe serlo si queremos que la sociedad no se pierda, ya que cada joven que no consigamos encaminar para ser útil a la sociedad, es obvio que se convertirá no solo en un inútil, sino en una carga para la sociedad. Si hemos progresado tanto, no ha sido porque los padres de antes fueran colegas de sus hijos, sino porque el padre estaba en un estatus y el hijo en otro. En la antigua Grecia, en época de Atenas, Esparta y otras muchas ciudades estado de la época, los hijos no se podían sentar en la mesa hasta que el padre decidía que había ganado dicho privilegio. Si nos remontamos al pueblo Hebreo, el padre tenía libertad para matar a un hijo que él consideraba que había cometido un grave acto de desobediencia y perjuicio para la familia, y para nada se le acusaría de dicha ejecución, debido a que era el Padre y el hijo solo una semilla o extensión de este. Por fortuna todos esos tiempos pasaron, y hemos evolucionado. Ahora bien… ¿No nos habremos pasado unos cuantos pueblos con esto de la evolución?. ?